Historia de El Tiempo.Com – Como Nació Hace 20 Años – Primera Parte

HISTORIA EL TIEMPO.COM INTERNET

El 22 de enero de 1996, este diario lanzó su sitio web, tres días después del ‘The New York Times’.

Tomado de: eltiempo.com/internet

Por:  JULIO CÉSAR GUZMÁN | 

 12:38 p.m. | 22 de enero de 2016

El 20 de noviembre de 1995, las páginas en papel de EL TIEMPO migraron a las pantallas de los computadores, aunque no todavía a Internet, con un servicio precursor del contenido digital, hoy una industria gigantesca en Colombia. Miguel Marcial, quien lideró ese desarrollo como editor de lo que después fue la división de Nuevos Medios, escribió en el periódico físico una nota que presentaba la noticia de esta manera:

“A partir de hoy la Casa Editorial El Tiempo lanza un nuevo servicio computador a computador, conocido como Tiempo InterActivo (…). Este tipo de servicios surgieron originalmente en Estados Unidos hacia finales de 1980, pero solo en 1992 comenzaron a tomar fuerza. America Online, uno de los más conocidos, cuenta en la actualidad con más de dos y medio millones de suscriptores. En Colombia existen varios servicios en línea, nombre con el cual se conoce este tipo de servicios, pero Tiempo InterActivo es el primero ofrecido por un periódico con la modalidad de suscripción”.

 

El concepto de Servicio en línea era, como antes mencionamos, una especie de conjunto cerrado dentro del ciberespacio, sin salida a lo que hoy conocemos como la web. En el caso de Tiempo InterActivo, estaba montado sobre una plataforma llamada Bulletin Board Service (BBS o cartelera electrónica), y significaba algo así como subirse a un carro que no podía recorrer las calles de la web, sino solo ir de las oficinas de El Tiempo a su casa, una entrega puerta a puerta de las noticias del diario, sin imágenes, pero con un ingrediente encantador: la posibilidad de consultar (en texto) el archivo del periódico, que para entonces tenía unos cinco años de información.

 

Esa facilidad de búsqueda por palabra se extendía a las noticias del día, así que era más fácil llegar a la información del personaje que al lector le interesaba, o de su equipo favorito de fútbol, sin tener que recorrer línea por línea las grandes hojas de papel periódico a la hora del desayuno. Algo particularmente útil para el caso de los Clasificados, que también formaban parte del paquete.

Así mismo, al computador llegaban unas cuantas actualizaciones diarias de las noticias que traían los cables o la radio, gracias a un compañero de trabajo a quien apodábamos el ‘Ministro’, que hacía un resumen de lo que no había publicado EL TIEMPO en la mañana.

Para los dueños del producto era también atractivo, por una razón que hoy les habría evitado muchos dolores de cabeza: el servicio no era gratuito, sino que se pagaba una suscripción fija, con unas variaciones por el uso del archivo, que ofrecía “más de medio millón de noticias y 200 más cada día”.

Uno de esos propietarios era Luis Fernando Santos, considerado el gran visionario de estos logros en EL TIEMPO, y quien tiene claros sus antecedentes:

“Tuve la buena suerte de estudiar periodismo en Estados Unidos entre 1965 y 1970, y una de las cosas que aprendí allá fue que era un negocio mucho más sofisticado de lo que se conocía acá. Desde entonces se advertía que todos los periódicos estaban inquietos por saber esto para dónde iba. Tuve la oportunidad de escuchar una conferencia con el primer personaje que habló de las tabletas y predijo que los periódicos se convertirían en tabletas. Y luego él terminó en el ‘Washington Post’ ”.

Marcial, el autor de la nota antes mencionada, trabaja hoy en Estados Unidos y aún recuerda que Tiempo InterActivo fue hijo de otro mecanismo de entrega de noticias, esta vez por teléfono:

“El primer esfuerzo de EL TIEMPO por salirse del papel fue la Línea T, que se creó en 1993. Yo terminé montándola, porque al volver de un viaje, encontré unos papeles encima de mi escritorio que decían Sistemas de Audiotexto, y José Hernández (entonces coordinador de la redacción) me dijo: ‘Enrique Santos le dejó esos papeles’. Yo siempre había estado inquieto sobre los temas de la tecnología y conocía algo sobre sistemas de audiorrespuesta (aquellos que fueron populares en los bancos, por ejemplo, para solicitar saldos por teléfono, marcando opciones en el teclado), así que Enrique me dijo: ‘Mire, vamos a montar esa vaina, ¿usted quiere?’. Y yo le dije ‘Bueno, hagámosle’, y a los tres días estaba en Wichita (Kansas) aprendiendo del tema”.

 

Este sistema se montó también en otras redacciones, como la de El Colombiano, en Medellín, cuyo producto, llamado Salomón, fue mucho más exitoso que la Línea T. El periodista Juan José García, hoy gestor de prensa de las Empresas Públicas de Medellín (EPM) y quien en ese periódico fue también pionero en temas de periodismo digital, cuenta que en el mismo año, 1993, la periodista Luz María Restrepo tuvo a cargo el debut de Salomón: “No era tan común que a esos nuevos productos les asignaran gente de experiencia, pero ella tenía mucha experiencia periodística y un carácter de servicio a la comunidad muy grande”.

 

Los servicios eran interactivos porque requerían la participación del usuario para seleccionar con un número (un código que se marcaba en el teclado) el tipo de información solicitada: desde la noticia del día, hasta el chisme de la farándula. Desde el estado de las vías hasta el más exitoso: el horóscopo. Pero, además, porque el usuario no solamente recibía pasivamente los contenidos, sino que podía crearlos. Dice García: “Abríamos códigos en los que la gente grababa un chiste o dejaba sus cuentos infantiles. Tratábamos de canalizar las necesidades por públicos”.
El periodista cita que los sábados debían quedarse hasta la medianoche en la redacción de El Colombiano para poder grabar el resultado de la Lotería del Chocó, que se sorteaba muy tarde. “Teníamos en Quibdó una persona a la que llamábamos desde Medellín y nos daba esos datos. Y recuerde que en esa época no existían los celulares”.

 

Esa consagración al trabajo le reportó al sistema Salomón hasta 117 mil llamadas diarias en sus mejores jornadas. Fue un aprendizaje para fraccionar la información en ‘casilleros’ (como los llama García) por temas, que antes eran códigos y hoy serían enlaces web.

 

En el caso de EL TIEMPO, el tope fueron 30 mil llamadas diarias; el equipo que desarrolló la Línea T y luego Tiempo InterActivo estaba formado también por Leonel Ardila (la voz de la Línea T), la periodista Ninfa Sandoval y el ingeniero Juan Pablo Rey, quien montó en la plataforma de BBS un programa para sacar automáticamente las noticias del sistema de edición del periódico impreso y, de paso, el archivo electrónico interno, que consultaban los periodistas.

 

“Era un programa producido por una empresa de nombre Galacticomm ―confirma Rey―. Una aplicación consultaba una carpeta de la red del periódico, sacaba los archivos de texto y los clasificaba de acuerdo con la sección respectiva. Fue una primera experiencia en la que el acceso era local (solo en Bogotá), por vía telefónica”.

No obstante, a los pocos días de ser anunciado Tiempo InterActivo ya lucía obsoleto frente al aluvión de Internet.
“Un día me mandó llamar Luis Fernando Santos ―dice Marcial―. Allá estaba con unas personas de Telecom, que ofrecían el servicio Saitel. Venían a mostrarnos algo con un proyector, y de pronto en la pared apareció la World Wide Web. Ellos nos dijeron: ‘Este es el futuro de la Internet’. Básicamente, querían que desarrolláramos nuestra página, porque ellos ofrecían la conexión pero no había muchos contenidos en español interesantes para sus clientes. Todo estaba en inglés”.

El propio Santos explica que no fue fácil comenzar el proceso:

“Convencer al resto de la empresa fue bien complicado. Tuvimos una oposición amplia, incluso entre los directivos. Veían que entregar información digital era alertar a la competencia y le quitaba lectores a El Tiempo impreso. Y ni hablar de los clasificados. Pero los convencimos de que era mejor ser parte de algo, que quedar por fuera de ese algo”.

 

Marcial salió de aquella reunión con los ojos como pelotas de ping-pong y el compromiso de llevar cuanto antes al periódico hacia la web. A finales de 1995, incorporó al equipo al diseñador Gabriel Vargas, quien junto con la periodista Sandoval y el ingeniero Rey corrió a marchas forzadas para transferir las experiencias de Tiempo InterActivo al mundo web. “A nosotros, con Gabriel, nos echaron de las instalaciones del periódico el 31 de diciembre porque estábamos diseñando el logotipo de El Tiempo en Internet. Casi a la medianoche, vino el celador a decirnos: ‘Ya, tienen que irse’ ”, recuerda Marcial con una sonrisa.

 

Las trasnochadas se volvieron comunes desde cuando se hicieron simulacros diarios de montar el periódico como si ya estuviera en la web, y la producción duraba todo el día, pero se finalizaba muy tarde, y solo se podían subir las notas, con todas sus correcciones, hacia la medianoche. Ninfa Sandoval, que comenzó haciendo esta tarea, todavía tiene en su memoria el esfuerzo que esto generaba: “Por el sistema iban llegando las notas del periódico del día siguiente, y uno verificaba los cambios contra la prueba impresa (a la cual todavía se le llama ‘printer’ en El Tiempo), organizaba la información y activaba procesos de software. Hasta ahí, era manual, pero a cierta hora de la noche se subía automáticamente el periódico a la web. Como yo trabajaba en la noche, mis papás se preocupaban y no entendían: ‘Pero, ¿usted en qué trabaja?’, me preguntaban”.

Muchas veces, Sandoval tuvo problemas con el proceso de producción y terminaba subiendo las notas hacia las dos de la mañana. Es decir, llegaba a su casa a las 4 a.m. y a las 5 a.m. ya estaba en pie, pues tenía clase a las seis de la mañana, en la universidad.

 

Víctimas de su propio éxito

La recta final de todo este esfuerzo se vivió a comienzos de 1996. El ingeniero Juan Pablo Rey recuerda que se compró el dominio (el nombre en la web, para ponerlo en términos simples) de El Tiempo.com a una empresa en Estados Unidos, llamada Network Solutions. De igual forma, Guillermo Santos, otro de los pioneros de la mezcla entre periodismo y computadores en el país, acota que él, por su cuenta, compró el dominio local (eltiempo.com.co) y se lo cedió a la empresa, antes de que alguien lo comprara y quisiera hacer negocio con él.

HISTORIA EL TIEMPO.COM- INTERNET 2

Así lucía el portal en 1996. Foto: Archivo/ El Tiempo

“Me tocó toda la gestión de infraestructura tecnológica ―agrega Rey―. Se compró un servidor y viajé a Miami con él para configurar el alojamiento de la información en ese equipo (en un servicio de alojamiento que tenía todo el Grupo de Diarios de América, al cual aún pertenece EL TIEMPO). Instalé todo el esquema para traer por FTP (un sistema de transferencia de información) todos los archivos”.

 

SIGUE A LA SEGUNDA PARTE >>

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