Los jóvenes ya no quieren comprar automóviles y vivienda.

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En la actualidad, la generación denominada como Millennials, que abarca las personas nacidas entre los años 1982 y 2000 tiene un nuevo lema que,  (es mejor acumular experiencias que pertenencias).

¿Qué es mejor comprar una casa o es mejor vivir de alquiler?

Incluso cuando la situación económica permite acceder a una vivienda en propiedad, arrendarla también ofrece ventajas,tradicionalmente el éxito se medía en el hecho de tener vivienda propia y un automóvil carro o viaje, pero eso ya no es así. Cada día más jovenes prefieren no adquirir ese tipo de bienes.

Numerosas investigaciones especializadas han mostrado que cada vez menos personas de la así llamada generación ” Millennials ” (que ahora tienen menos de 30-35 años) compran casa, y ni hablar del número aún más reducido de quienes hacen parte de ese grupo y deciden adquirir un automóvil . En realidad ellos no hacen casi ningun tipo de gasto grande, en comprar  primero casa o carro, si no tenemos en cuenta los iPhones, por supuesto.

Cuando alquilamos una casa para vivir asumimos un compromiso importante, pero mucho menor que la compraventa, especialmente si necesitamos financiar la operación mediante un préstamo hipotecario. Comparar ambos contratos supone un ejercicio de funambulismo no apto para personas sin unos conocimientos financieros profundos. Pese a ello, muchos inquilinos se preguntarán si vale más la pena comprar, ante la afirmación que muchas veces escuchan de que alquilar es “tirar el dinero”.

¿Merece la pena comprar vivienda  de un banco?

¿Cuánto dinero cuesta vender una casa? No se olvide de los impuestos. La persona que mejor conoce nuestra situación económica, familiar, nuestras ambiciones y aficiones, miedos y esperanzas somos nosotros mismos.  Ningún experto puede discernir mejor quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Y de ello depende la respuesta a si es mejor alquilar o comprar una casa mediante una hipoteca. Asumiendo que los consejos siempre han de particularizarse, veamos algunas ideas generales sobre la cuestión.

 

El alquiler da libertad de vivir donde quieras.

Alquilando compramos un tiempo de disfrute del uso de una casa de otro. Es una opción que proporciona libertad, por ejemplo de aceptar trabajos ubicados en otras regiones o países, sin el ancla que ser propietarios con deuda supone.

Comprar nos ancla a un territorio, principalmente si nuestro socio hipotecario es una entidad financiera; podemos cambiar de residencia y alquilar la vivienda en propiedad, ciertamente, pero nos arriesgamos a los potenciales impagos del arrendamiento, mientras que tenemos que responder puntualmente de las mensualidades del préstamo.

En cuanto al riesgo económico, alquilar nos expone a un calor intenso pero no abrasador, si pasamos por dificultades económicas. Si en un futuro nos resulta imposible abonar el alquiler, la deuda que podamos acumular acaba siendo las mensualidades impagadas y poco más. Al dejar la casa alquilada, no nos persiguen otras deudas como sí ocurre con el impago hipotecario. Si la hipoteca es sobre nuestra vivienda habitual, el banco se puede adjudicar la casa por el 70% del valor de tasación a efectos de subasta (cifra reflejada en la escritura de préstamo hipotecario firmada), y reclamar los costes judiciales de la ejecución hipotecaria, los intereses remuneratorios y de demora, hoy limitados al triple del interés legal del dinero.

En épocas anteriores viajar por el mundo era poco usual como si lo  es ahora.

Comprar puede ser cómodo en la jubilación. Ser propietarios de una vivienda ya pagada al llegar el momento de la jubilación es, al menos hasta la fecha, una de las decisiones de ahorro más inteligentes que un particular puede hacer.

Con una pensión cada vez más exigua y un mercado de alquiler que no se adapta a los menguados ingresos de la gente mayor, no parece buena idea llegar a esta etapa de la vida con la carga de que supone el pago de un alquiler (o de una hipoteca). Lo que tiene mucho menos sentido económico es también “invertir” en segundas o terceras residencias, ya que hay otras formas de invertir más líquidas, si confiamos en el volátil activo del ladrillo, como la sociedad cotizada anónima de inversión en el mercado inmobiliario.

En Estados Unidos los jovenes de hasta 35 años son llamados “la generación de los arrendadores” ¿Por qué sucede esto? Algunos sociólogos están seguros de que se debe a que los jovenes en la actualidad están al tanto y deben soportar gran numero de catástrofes financieras y por eso temen tomar créditos de gran calado para los llamados  millennials comprar casa.

Pero no es eso lo principal. Lo fundamental es que la generación ” millennials ” se diferencia de la generacion de sus padres por sus valores, Son muy diferentes.

Los jovenes han revalorado la definicion de éxito. Antes se decia que alguien exitoso era aquel dueño de su propia vivienda y al menos un automóvil, pero ahora se valora a quienes han invertido su dinero en experiencias, viajes y aventuras.

Los jovenes rechazan conscientemente comprar bienes raíces y hasta muebles, prefieren tomarlos en arriendo. Ahora la gente quiere un horario de trabajo flexible, independencia económica y geografica, antes que prosperidad (como se la conocía) y estabilidad.

Las cosas materiales estan dejando de interesar a la gente. ¿Para qué tener un automóvil si puedes andar en taxi? Si se mira desde el ángulo correcto, un taxi también es un automóvil personal y con conductor pero sin gastos de parqueaderos,  además usarlo no es mucho más caro que tener un medio de transporte motorizado propio.

¿Para qué comprar una casa en un lugar lindo e ir allá a descansar si puedes encontrar una vivienda a través de oficinas de arrendamiento  en cualquier rincón del planeta? No se necesita pagar demasiado por el alquiler, ni comprar un domicilio en el pais en el que se esté interesado vivir  en el momento.

Es lo mismo que ocurre con los bienes raíces en la ciudad natal. Primero que todo, la persona no sabe por cuánto tiempo más vivirá en el lugar donde reside actualmente; segundo: ¿para qué comprometerse con una hipoteca a a 30 o 40 años si uno se puede hacer a la idea de que vivirá siempre en una casa o apartamento de alquiler?.  Al fin de cuentas lo más probable es que la persona cambie de lugar de trabajo varias veces durante los próximos años y si se vive en alquiler no hay nada que lo detenga para mudarse a un sector más cercano a la nueva oficina o lugar de trabajo.

A qué se debe esta tendencia de los jovenes.

Esta generación se caracteriza por la búsqueda de sensaciones inmediatas y una solución rápida a sus necesidades. A diferencia de sus padres ponen el corazón por encima de la razón y por ello a la hora de elegir un trabajo prefieren optar por oficios informales o actividades freelance en contravía a los trabajos formales en los que se desempeñaron los papás, porque lo suyo es vivir las experiencias como una elección deliberada.

¿Qué quieren los jóvenes en la actualidad?

Pese a los cuestionamientos de profesionales entre los 35 y 40 años a los que se les oye decir ¿qué será de la vida de estos jóvenes a los 50 años?, ¿de qué vivirán? o ¿qué comerán?, eso no preocupa a los Millennials, ellos tienen otras premisas como por ejemplo “la vida es muy corta para perderla trabajando” “es una ironía que se gane la vida mientras se pierde”, “ya que asumen el trabajo como un impedimento para la vida a plenitud”.

Es decir, para ellos la seguridad y estabilidad tanto laboral como financiera están en un segundo plano, los Millennials quieren elegir las cosas basados en la satisfacción personal más que en el deber social.

Definitivamente no quieren ser como sus padres, que en muchos casos no cumplieron sus expectativas o debieron sacrificarse demasiado para salir adelante. Sin embargo, algunos mantienen relaciones de dependencia económica y afectiva de acuerdo a sus propios intereses que justifican las actitudes que tienen frente a la vida.

Ya no es importante la elección de una carrera sino la elección de sentimientos, ellos eligen una profesión por lo que van a sentir al momento de estudiarla y posteriormente ejercerla. Incluso la forma de expresar los afectos es diferente para ellos, las nuevas tecnologías actúan como catalizadores de emociones. “Estamos ante una cosmovisión, una forma de ver la vida, ante una nueva forma de expresar valores y sentimientos”, asegura el sicólogo.

 

El concepto mismo de propiedad de las cosas ya no es la misma de antes.

El crítico James Gamblin columnista de Atlantis explica el fenómeno de la siguiente manera: “Durante los últimos diez años los psicólogos han hecho gran cantidad de investigaciones que demuestran que desde el punto de vista de la felicidad y la sensación de bienestar es mucho mejor gastar el dinero para adquirir una nueva experiencia y no cosas nuevas. Eso produce más felicidad”

Un extracto de un artículo de Gamblin:

“Tal parece que la gente no quiere escuchar historias acerca de dónde compraste una casa sino que prefieren escuchar lo fantástico que lo pasaste el fin de semana. Incluso una mala experiencia puede ser al final una historia fascinante.

La interacción social entre las personas juega un papel muy importante en si serán o no felices. Así pues, ellos deben hablar con otras personas y tener muchos amigos. Obviamente los demás les gustará más escuchar acerca de un viaje loco e inesperado o cómo alguien vivió en un país desconocido, que oír cuántas casas ha podido comprar una persona en especifico”

Y hay algo más. Lo que sucede es que las cosas que poseemos, especialmente si son muy costosas nos obligan a preocuparnos por ellas. Basta con comprar un automóvil para saltar cada vez que se oiga una alarma de un vehiculo. Si se compra una casa y muchos electrodomésticos para que sea cómoda se tendrá el miedo constante de ser víctima de los ladrones. Eso, sin hablar de que los automóviles se raspan, se golpéan, y los televisores de costos exorbitantes suelen dañarse al haber pasado sólo un año de servicio. En cambio, las experiencias y aventuras vividas estarán ahí siempre. Como dicen en algunos países, “nadie te quita lo bailado”.

En su mayoría, nuestros padres no tenían la posibilidad de viajar tanto y tan lejos como nosotros, ellos no tenían la posiblidad de divertirse como lo hacemos ahora. No tuvieron tantas posiblidades de empezar un nuevo negocio, por eso invirtieron en bienes raíces y automóviles, pero nosotros no tenemos la intención de seguir sus pasos en ese sentido. Al fin y al cabo cualquier compra -que no sea una casa o un apartamento- perderá su valor con el tiempo, e incluso si se echa un vistazo al decrecimiento y la recesión en el mercado inmobiliario todo se vuelve aún más obvio.

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