Las Grandes Ideas De La Ciencia Ahora Están Al Alcance De Todos

El libro ‘la vida íntima de las partículas’, de la colección ‘descubrir la ciencia’.

Un viaje a través de los componentes del Universo Materia te presentan una colección en la que encontrarás las grandes ideas de la ciencia como nunca te las habían explicado. Una oportunidad única de conocer y entender la imagen del mundo que nos ofrece la ciencia de la mano de quien mejor la conoce.

Han pasado 25 siglos desde que el filósofo y matemático griego Demócrito se aventuró a plantear la idea de que la materia, es decir, todo lo que vemos, olemos y experimentamos con nuestros sentidos, está compuesta por minúsculas partículas microscópicas eternas, homogéneas, incompresibles, invisibles y, sobre todo, indivisibles.

 

Estos ingredientes constitutivos fueron bautizados como ‘átomos’, palabra cuya raíz griega significa que no pueden ser divididos o fragmentados –indestructibles, si se quiere–. Según Demócrito, estos solo se diferenciaban entre sí en su forma y tamaño, pero no por cualidades internas.

Este modelo de la materia ya había tenido aproximaciones de otros intelectuales de la época, como Leucipo, quien fue el maestro de Demócrito. Juntos, más otros sabios que continuaron con sus planteamientos, consolidaron la corriente filosófica conocida como los atomistas griegos, quienes, desde entonces, empezaron a esculpir, con su intuición y con las normas de la lógica, las ideas que muchos años más tarde se afianzaron como teorías científicas, en el sentido moderno del término.

Dichas teorías empezaron a tomar forma a partir del siglo XIX gracias a los grandes desarrollos tecnológicos que nacieron al abrigo de la Revolución Industrial. En ese contexto, la hipótesis de que la materia estaba compuesta por átomos parecía útil para explicar los datos experimentales de multitud de procesos químicos.

Científicos como Amedeo Avogadro, John Dalton, Antoine de Lavoisier o Joseph Louis Proust hicieron algunas observaciones interesantes, como que, en una reacción química, la masa total de los elementos involucrados permanece siempre constante; o que si un compuesto químico se separa en sus elementos constituyentes, las masas de estos siempre se encontrarán en la misma proporción, independientemente de la masa de la sustancia original.

Pero no fue sino hasta 1897 que, gracias a las observaciones del británico J. J. Thompson, ocurrió el siguiente cambio de paradigma: Thompson descubrió que, a diferencia de lo que se pensaba, los átomos estaban constituidos por partículas más pequeñas: los electrones y los protones.

Este fue el primer paso para el estudio conocido en la actualidad como física de partículas y que explora todo el repertorio de corpúsculos que constituyen los átomos de todos los elementos del Universo.

Y este es, además, el tema de La vida íntima de las partículas, libro que circula mañana con EL TIEMPO como parte de la colección ‘Descubrir la ciencia’.

EL TIEMPO

 

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